Las llamadas telefónicas fantasmales constituyen un fenómeno que se centra en la recepción de comunicaciones provenientes de personas fallecidas y de líneas desconectadas. La mayoría de testigos sostienen que al recibir la llamada escuchan voces débiles caracterizadas por interferencias, silencios prolongados, respiraciones profundas o mensajes extraños con un tono distante. Desde mediados del siglo XX, cuando el teléfono se convirtió en un objeto cotidiano dentro de los hogares, comenzaron a surgir testimonios de personas que aseguraban haber escuchado a familiares fallecidos intentando comunicarse desde el otro lado. Estas historias insisten en que los aparatos electrónicos intervienen como puentes entre el mundo de los vivos y el de los espíritus.
Uno de los casos más célebres de este fenómeno ocurrió en 1968 y fue investigado por el investigador de lo paranormal D. Scott Rogo. El caso se trataba de una mujer llamada Mrs. Veal, quien afirmó haber recibido llamadas de su esposo fallecido poco tiempo después de su muerte. La voz sonaba débil y metálica, pero reconocible, y durante las conversaciones el espíritu parecía ignorar que había muerto. Otro caso célebre es el de las llamadas recibidas tras el desastre aéreo del vuelo Eastern Airlines 401 en 1972.
Algunas personas relacionadas con las víctimas manifestaron recibir mensajes telefónicos extraños provenientes de habitaciones vacías o teléfonos desconectados, donde voces distorsionadas pronunciaban nombres o advertencias incomprensibles antes de que la comunicación se cortara. Estas historias se difundieron y se convirtieron en parte del mundo paranormal.
En Japón existen relatos asociados al tema que surgieron tras el tsunami de 2011. Después de la tragedia, numerosas personas recibieron llamadas desde teléfonos pertenecientes a familiares desaparecidos o muertos durante el desastre. En algunos casos, al contestar se escuchaba estática y sollozos; en otros, la llamada terminaba después de escuchar una voz apenas audible. Para muchas familias afectadas, estos eventos fueron interpretados como intentos de despedida o manifestaciones emocionales surgidas del dolor provocado por la catástrofe. Este tipo de historias adquirió tanta notoriedad que inspiró documentales, libros y producciones cinematográficas relacionadas con la comunicación sobrenatural a través de dispositivos tecnológicos como es el caso de la cinta Voces del más allá dirigido por Geoffrey Sax, y protagonizado por el gran Michael Keaton.
A nivel de la parapsicología se plantea que las emociones intensas, especialmente aquellas vinculadas a la muerte repentina o al sufrimiento, podrían generar una especie de "energía residual" capaz de interactuar con medios electrónicos. Esta teoría se relaciona con la llamada Transcomunicación Instrumental, una práctica que busca captar voces o mensajes espirituales mediante radios, grabadoras y teléfonos. Los investigadores señalan que los aparatos electrónicos, debido a sus frecuencias y señales, podrían facilitar manifestaciones que serían imperceptibles para el ser humano. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia científica verificable que confirme que los espíritus puedan utilizar teléfonos u otros dispositivos para comunicarse con los vivos.
En el caso de la ciencia se plantea que muchas de estas llamadas podrían deberse a interferencias, cruces de líneas, errores de conexión o fallas técnicas capaces de generar voces distorsionadas y sonidos extraños. Por su parte, los psicólogos explican que las personas en procesos de duelo pueden experimentar fenómenos conocidos como "alucinaciones del duelo", donde creen escuchar o percibir a sus seres queridos fallecidos como una respuesta emocional completamente humana.
Además, la sugestión y el miedo pueden hacer que sonidos cotidianos adquieran significados sobrenaturales. Aun así, pese a las explicaciones racionales, las historias de llamadas provenientes del más allá continúan despertando fascinación y temor, quizá porque tocan uno de los deseos más profundos del ser humano, la posibilidad de que la muerte no sea el final absoluto del contacto con nuestros seres amados.